Cuatro años después de haber recibido su casa, Yulissa confirma que Abelardo sí materializa sueños

Hace cuatro años, en medio del miedo y la incertidumbre de la pandemia, una niña cordobesa le recordó a Colombia lo que realmente significa tener esperanza. Se llama Yulissa Salgado, y su historia empezó con un sueño sencillo, pero poderoso: darle una vivienda digna a su madre y a sus hermanos.

Yulissa  no exigía ayuda, no quería nada regalado, no se quejaba por su precaria realidad ni se lamentaba por su pobreza, Yulissa solo buscaba la oportunidad de recompensar con su trabajo y esfuerzo el sueño de darle una vivienda digna a su familia. En aquel momento, durante los recorridos de la campaña solidaria Cosecha Solidaria, Abelardo De La Espriella conoció su historia. La escuchó hablar de su anhelo, con la fuerza y la dignidad que solo tiene quien cree en el trabajo honesto y en la familia como cimiento de todo.

Abelardo eligió ayudarla porque vio en Yulissa la esencia del pueblo colombiano que él defiende: la gente que no se rinde, que no se queja y que lucha con honor. Su mérito no fue la necesidad, sino su carácter: la irreverencia, la fuerza y la berraquera de una niña que creía que no existían causas perdidas.

Por eso, en medio de la pandemia, su causa se convirtió en la causa de todos. Y en solo dos meses y medio, el sueño de Yulissa —una casa construida con dignidad y esperanza— se hizo realidad.

A veces, como sociedad, pensamos que los grandes proyectos de infraestructura, el precio del dólar o del petróleo, o la inversión de multinacionales extranjeras serán lo único que lleve a Colombia a un mejor futuro. Sin embargo, olvidamos por completo que la mayor felicidad radica en ver cumplir los sueños de la gente que realmente vale la pena: esos millones de colombianos que no buscan ser mantenidos, sino un gobierno que les permita ser parte de la sociedad desde el oficio que desempeñan, aportando así a construir un país en el que todos podamos cuidarnos y mirarnos a los ojos, siempre hacia el futuro.

Cuatro años después, en el reciente evento de Montería, Yulissa subió al escenario y volvió a agradecerle a Abelardo por haber creído en ella cuando nadie más lo hizo. Entre los aplausos de la gente, recordó con una sonrisa el día en que su sueño se hizo realidad.

—“¿Cuánto tiempo ha pasado de ese video?”, preguntó Abelardo.
—“Cuatro años”, respondió ella.
—“¿Y en cuánto hicimos la casa?”
—“En dos meses y medio. Yo ya tenía mi sueño cumplido”, dijo Yulissa con orgullo.

Abelardo la miró con la misma convicción de aquel día y concluyó:
—“Sí se puede. Eso lo hicimos desde el sector privado, imagínense lo que podemos hacer desde el gobierno para ayudar a la gente que lo necesita”.

La historia de Yulissa no es solo una anécdota; es un espejo del país posible. De una Colombia donde el liderazgo se mide por resultados, donde la autoridad se combina con empatía y donde la justicia social no se decreta, se construye.

Abelardo De La Espriella lo dice con claridad: el cambio verdadero no vendrá de quienes llevan años prometiendo y fallando, sino de quienes han demostrado que los sueños de la gente se cumplen con acción, compromiso y corazón.

Súmate al ejército de Defensores de la Patria y trabajemos juntos por una Colombia más segura, próspera y justa.

¡Firmes por la Patria!

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