En medio de una entrevista en donde una de las preguntas estuvo enfocada en la posible legalización de la droga como salida para aumentar los ingresos de la nación, Abelardo De La Espriella respondió de manera tajante: no hay lugar para esa discusión en su proyecto político.
El abogado y precandidato presidencial por el movimiento Defensores de la Patria se auto definió como “antidrogas” y recalcó que jamás ha probado ningún tipo de sustancia ilegal, ni siquiera en su época universitaria, donde suelen presentarse escenarios de consumo.
De La Espriella relató que la sustancia más fuerte que ha consumido en su vida es un Dolex Forte de 500 mg: “yo sí puedo hablar de esa vaina con autoridad porque nunca he probado droga de ninguna clase”.
La seguridad de su postura radica en que nunca ha tenido contacto con ofertas de consumo, “jamás, nunca. A mí nadie me ofreció droga nunca. El chancletero, el drogo, sabe a quién le ofrece y los burros se buscan para rascarse, como decimos en el Caribe colombiano”.
El abogado aseguró que nunca ha probado ni siquiera marihuana, una sustancia que en países de la región ha empezado a ser regulada y promovida como alternativa económica.
Para el precandidato, este camino no es opción para Colombia ya que el problema no solo está en el consumo sino en el mensaje que se transmite a la sociedad y “eso es lo que precisamente tenemos que recuperar: la moralidad desde el gobierno, porque este es un gobierno amoral (en referencia al mandato de Gustavo Petro) que manda un terrible mensaje a la sociedad”.
Esta postura del líder político se conecta con su insistencia en la defensa de principios fundacionales como la familia y el orden, elementos que ha repetido en diversos escenarios.
Para él, la legalización de la drogas no solo traería consecuencias sociales negativas, sino que profundizaría la crisis ética que De La Espriella le atribuye al actual gobierno.
Más allá de la discusión económica, subraya que la prioridad debe ser la recuperación de la moral pública y la restauración de un gobierno que envíe un ejemplo de rectitud a los ciudadanos.
En intervenciones anteriores el abogado y líder natural de Defensores de la Patria ha manifestado que Colombia necesita un Estado fuerte, que persiga la criminalidad sin titubeos y que no se deje arrastrar por lo que considera “radicalismos disfrazados de modernidad” que solo buscan debilitar las instituciones.
Para él, la lucha contra el narcotráfico debe ser frontal y sin ambigüedades, ya que está en juego la estabilidad misma de la nación.
Estas declaraciones fueron entregadas en entrevista con la emisora Radio 1, donde De La Espriella fue enfático que en su eventual mandato presidencial no habrá espacio para la legalización de drogas ni para posturas ambiguas frente a la lucha contra el narcotráfico.
En un país que ha sufrido por décadas la violencia y la corrupción asociada a este flagelo, sus palabras generan confianza en los colombianos quienes comparten que la salida no está en flexibilizar principios, sino en declararlos con firmeza.
El mensaje de Abelardo De La Espriella es también una invitación a los colombianos a no resignarse frente al deterioro moral y social, por el contrario plantea una ruta para rescatar los valores, cerrar el paso a la normalización de lo indebido y enfrentar con carácter a quienes promueven el debilitamiento del país.
La batalla por el futuro de Colombia exige convicción y unidad.
En una reciente entrevista en Radio 1 afirmó que los temas fundamentales de la diplomacia “no se ven ni tienen foto, se hablan en secreto”. Así dejó claro que en su gobierno no se dedicaría a giras internacionales ni a protagonizar foros, sino a resolver los problemas internos del país.
De La Espriella, líder del movimiento Defensores de la Patria, explicó que las verdaderas decisiones en materia internacional se construyen en conversaciones privadas, en espacios reservados donde lo que prima es la discreción y la estrategia, y no los reflectores ni las cámaras.
Gastar tiempo y recursos en viajes oficiales es un error cuando el país atraviesa crisis profundas que requieren la atención directa del jefe de Estado; en ese sentido, aseguró que para llevar a cabo relaciones diplomáticas prósperas “no necesitas viajar por el mundo a foros a perder tiempo y a botar plata”.
El aspirante presidencial fue aún más gráfico al comparar lo que sería salir a foros internacionales a dar discursos mientras Colombia vive dificultades internas con la actitud de alguien que pretende aconsejar a un vecino sobre cómo resolver su vida matrimonial: “es como ir donde el vecino a decirle ‘te arreglo el problema con tu mujer’ cuando la tuya lleva tres meses sin hablarte”.
La propuesta diplomática de De La Espriella se centra en darle prioridad a los asuntos internos ya que un presidente debe estar en el terreno, escuchando a la ciudadanía, recorriendo las regiones y asumiendo el compromiso de resolver directamente las necesidades más urgentes, antes que gastar energías en mostrar presencia en escenarios internacionales.
De esta forma se rompe con la tradición de la política exterior colombiana que ha privilegiado la presencia en cumbres internacionales como parte del posicionamiento del país.
De La Espriella le apuesta a un gobierno austero, que no despilfarre recursos en la búsqueda de protagonismo global sino que se concentre en solucionar lo que hoy aqueja a los colombianos.
La verdadera diplomacia es silenciosa, estratégica y sobria, sin que ello signifique debilidad o ausencia en la escena internacional, sino pragmatismo y realismo en el ejercicio del poder.
En esa línea, Abelardo De La Espriella busca diferenciarse de esa clase política desconectada de la realidad que ha preferido gastar tiempo y recursos en viajes y exhibicionismo, mientras los ciudadanos reclaman soluciones urgentes en seguridad, economía y oportunidades.
Un presidente presente en Colombia que entienda que la fuerza del Estado comienza en casa y que la diplomacia, en lo esencial, se juega en la discreción de los acuerdos y no en los titulares de prensa, será el actuar del líder del movimiento Defensores por la Patria cuando llegue a la Casa de Nariño.